El Nombre que Tenía que Encajar
En India, es posible tener un solo nombre en un pasaporte.
Mi pasaporte tiene un solo nombre: Sushaantu.
Cuando me mudé a Chile, esto se volvió un problema. Los sistemas encargados de emitir documentos de identificación requerían un nombre y un apellido. No había un campo para una persona con un solo nombre. El formulario no podía avanzar.
No había nada ideológico en esto. Nadie objetaba mi identidad. Nadie cuestionaba su legitimidad. El sistema simplemente no podía reconocer a una persona que no encajara en su estructura asumida.
Para resolverlo, mi nombre fue duplicado. Me convertí en “Sushaantu Sushaantu”. Solo entonces el proceso pudo continuar. Solo entonces pude recibir un número nacional de identificación.
Lo que importaba no era la precisión, sino el encaje. El sistema necesitaba datos que alinearan con su esquema. El esquema había venido primero.
Una vez asignado, el nombre duplicado se propagó. Apareció en documentos, registros y cuentas. Con el tiempo, se volvió la versión de mí que el sistema reconocía. No porque fuera más verdadera, sino porque era legible.
La suposición original—que una persona debe tener al menos dos nombres—nunca fue declarada. Estaba incrustada. No se presentaba como regla, solo como realidad.
Mi identidad no cambió. Cambió la comprensión del sistema sobre qué cuenta como una persona válida.