El Fin de Año

Nada en el movimiento de la tierra exige cierre. Nada en el cielo señala finalización. El tiempo continúa sin pausa, sin límite, sin reinicio. Y sin embargo, en cierto punto de cada año, aparece la urgencia.

Las cosas se apuran. Las cuentas se cierran. Las promesas se posponen o se fuerzan. Las conversaciones incluyen frases como antes de que termine el año o lo vemos el próximo año. Nadie anuncia que este momento ha llegado. No se toma ninguna decisión. La presión simplemente se impone.

Cuando la fecha pasa, la tensión se disuelve. No porque algo haya cambiado, sino porque el límite se cruzó. Lo que parecía imposible días antes vuelve a ser aceptable. El mismo trabajo continúa, pero bajo otro nombre.

La carga recae en la desviación. Tratar este momento como ordinario requiere explicación. Ignorarlo se siente negligente. Actuar como si nada especial estuviera pasando es más difícil que cumplir. El fin de año no se impone—se asume.

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